A mediados del pasado mes de septiembre, la comisión que evalúa los vestigios del franquismo por mandato de la Ley de la Memoria Histórica, propuso crear un Centro de Interpretación del campo de concentración de Miranda de Ebro.
Con este Centro de Interpretación se quiere dejar “el recuerdo de lo que fue un sistema de represión de un régimen dictatorial, y que es el único del que se conserva algo, quedando solo ese pequeño recorrido marginal junto a la vía del tren”, según Josefina Cuesta, catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Salamanca, y una de las integrantes de esta comisión.
El régimen franquista levantó este campo de concentración por la necesidad de espacio para los prisioneros del frente del norte, sobre todo al ocuparse Bilbao, donde se capturaron 14.000 personas.
El campo se construyó los terrenos de la empresa Sulfuros Españoles en las riberas del río Bayas; y en otros terrenos de cultivo de alrededor hasta conseguir una superficie total de unos 42.000 m2, tras tener a los prisioneros en la plaza de toros y en la azucarera. Como primer material para levantarlo se usó el requisado al circo Corzana, precursor del Circo Americano, una troupe familiar de artistas que había interrumpido su gira en Miranda esperando el desarrollo de la guerra.
Prisioneros de Segunda Guerra Mundial
Con la llegada de refugiados y prisioneros de Segunda Guerra Mundial, el campo se habilita también para las personas que huían de la barbarie nazi. Se calcula que albergó 15.000 prisioneros extranjeros, sobre todo franceses y polacos. Entre estos se encontraban Georges Bidault, que sería Primer Ministro francés y ministro de Asuntos Exteriores en la posguerra,y Jacques Monod y François Jacob, que lograrían el Premio Nobel de Medicina años después.
Este campo, fue base de operaciones de Martínez Alonso, el médico de la Embajada Británica que ha sido considerado el Schindler español. Este médico ayudo a cientos de prisioneros extranjeros de este campo y otras instituciones a volver a sus países.
Al acabar la guerra europea, el mismo recinto se habilitó para los nazis y colaboracionistas, que huyeron a España ante el temor de ser juzgados en Nuremberg. En esta época la vida en el campo era más suave, ya que los internos podían salir durante el día a la ciudad. En enero del 1947, se cierra el campo llevando los presos que quedaban a la cárcel de Nanclares de la Oca (Álava).
Referencias
- Diario de Burgos 04/12/2011
- ‘Ecos de la Memoria’, testimonios de la represión franquista
- ‘Historia del campo de concentración de Miranda de Ebro (1937-1947)’ de José Ángel Fernández López
- Criterios generales de la Comisión Técnica de la Ley de la Memoria Histórica






